Nvidia invierte 2.000 millones en CoreWeave

Nvidia ha ejecutado una de las inversiones más estratégicas de la década al inyectar 2.000 millones de dólares en CoreWeave, consolidando su control sobre el suministro de potencia de cómputo para inteligencia artificial y acelerando la creación de gigantescas «fábricas de IA».

En el vertiginoso tablero de la inteligencia artificial, los movimientos de capital ya no solo buscan rentabilidad, sino el control absoluto de la infraestructura que sostiene el futuro digital. Nvidia, el gigante indiscutible de los semiconductores, ha dado un golpe de autoridad este lunes al anunciar una inversión masiva de 2.000 millones de dólares en CoreWeave. Esta operación no solo duplica la participación de la compañía dirigida por Jensen Huang en el proveedor de nube especializada, sino que redefine por completo la relación entre los fabricantes de silicio y las plataformas que operan esos chips en el mundo real.

La inversión se ha formalizado mediante la compra de acciones ordinarias de Clase A a un precio de 87,20 dólares por título. Con este movimiento, Nvidia asciende a la posición de segundo mayor accionista de CoreWeave, una empresa que ha pasado de ser un actor secundario en el minado de criptomonedas a convertirse en la columna vertebral de los centros de datos más avanzados del planeta. La reacción del mercado ha sido inmediata: las acciones de CoreWeave se han disparado por encima del 12%, reflejando la confianza total de los inversores en una alianza que parece blindada contra la competencia de los grandes hiperescaladores tradicionales.

El nacimiento de las fábricas de IA de nueva generación

Lo que realmente separa este acuerdo de una simple operación financiera es la ambición técnica subyacente. Nvidia y CoreWeave han detallado un plan para desplegar más de 5 gigavatios (GW) de capacidad de computación para el año 2030. Para poner esta cifra en perspectiva, estamos hablando de una infraestructura energética capaz de alimentar ciudades enteras, dedicada exclusivamente al entrenamiento y la inferencia de modelos de lenguaje y sistemas autónomos. Estas instalaciones, denominadas «fábricas de IA», son el nuevo estándar de la industria, diseñadas desde cero para optimizar el flujo de datos y la eficiencia térmica.

La alianza garantiza que CoreWeave será uno de los primeros en adoptar las arquitecturas más vanguardistas de Nvidia. No se trata solo de las conocidas GPU Blackwell, sino de la integración de la nueva plataforma de CPU Vera y los sistemas de almacenamiento BlueField. Esta integración vertical es una jugada maestra de Nvidia: al financiar y equipar a proveedores como CoreWeave, se asegura de que sus productos más complejos y costosos tengan un mercado de adopción inmediata, puenteando la lentitud burocrática de otros gigantes tecnológicos que están intentando desarrollar sus propios chips propietarios.

Personalmente, creo que estamos ante un cambio de paradigma en el sector cloud. Durante años, Amazon, Microsoft y Google dominaron el mercado con soluciones generales. Sin embargo, la explosión de la IA generativa ha creado una demanda de «nubes puras» o neoclouds que hablen el mismo idioma que el hardware. CoreWeave ha sabido posicionarse como ese aliado ágil y ultraespecializado, y el respaldo financiero de Nvidia es el combustible necesario para que esta tendencia se vuelva irreversible en los próximos cinco años.

Superando el cuello de botella de la energía y el suelo

Uno de los puntos más críticos del anuncio es el compromiso de Nvidia de utilizar su músculo financiero para ayudar a CoreWeave en la adquisición de terrenos y, lo más importante, en la gestión del suministro eléctrico. En la actualidad, el principal obstáculo para el avance de la inteligencia artificial no es solo el diseño de los chips, sino la capacidad física de construir centros de datos y conectarlos a una red eléctrica ya saturada. Al facilitar el acceso a infraestructura crítica, Nvidia está interviniendo directamente en la cadena de suministro inmobiliaria y energética.

Este nivel de implicación sugiere que Nvidia no ve a CoreWeave simplemente como un cliente o una inversión, sino como un socio operativo fundamental para evitar que su crecimiento se estanque por factores externos. La capacidad de CoreWeave para ejecutar proyectos con una velocidad «sin precedentes en la industria», como ha señalado el propio Jensen Huang, es el activo que Nvidia está protegiendo. En un ecosistema donde el tiempo de despliegue puede decidir quién lidera la próxima revolución tecnológica, tener el control sobre el suelo y los voltios es tan importante como tener el mejor diseño de transistores.

Desde una perspectiva editorial, resulta fascinante observar cómo Nvidia está construyendo un ecosistema dependiente de su tecnología que actúa como un muro de contención contra las iniciativas de chips internos de empresas como AWS o Meta. Al fortalecer a proveedores de servicios en la nube que son «fieles» a su arquitectura, Nvidia se asegura de que el estándar del mercado siga siendo su propio ecosistema de software y hardware, dificultando la migración de los desarrolladores hacia otras plataformas menos optimizadas.

Impacto en la industria y proyecciones a largo plazo

La magnitud de esta operación envía una señal clara a toda la industria tecnológica: la carrera por la infraestructura de IA acaba de entrar en su fase más intensiva en capital. Para las startups de IA y los laboratorios de investigación, esta noticia es una garantía de que habrá capacidad de cómputo disponible, aunque a un precio que pocos podrán negociar. Por otro lado, para los competidores de Nvidia, el reto se vuelve cada vez más difícil, ya que no solo compiten contra un chip superior, sino contra una red global de centros de datos financiados por el propio fabricante.

Mirando hacia el futuro, es probable que veamos movimientos similares por parte de otros actores del sector, aunque pocos tienen la liquidez y la posición de mercado de Nvidia para ejecutar tales maniobras. La proyección de CoreWeave es alcanzar ingresos que podrían superar los 12.000 millones de dólares este mismo año, con el potencial de escalar hasta los 100.000 millones antes del final de la década si se mantienen estas tasas de crecimiento y expansión de capacidad. Es una trayectoria que recuerda a los primeros días de las puntocom, pero con una base de activos físicos mucho más sólida.

En definitiva, la inversión de 2.000 millones de dólares no es solo un cheque; es la piedra angular de una nueva era de computación industrial. Nvidia ha decidido que si el futuro se va a escribir en código de inteligencia artificial, ellos no solo quieren fabricar la pluma, sino también ser dueños del papel y de la mesa donde se apoya. Para España y el resto de Europa, este movimiento subraya la urgencia de desarrollar infraestructuras propias si no queremos depender totalmente de estas «fábricas» que hoy, más que nunca, tienen un dueño muy claro.

Deja un comentario